domingo, 17 de octubre de 2010
viernes, 28 de agosto de 2009
Cata de Café de Canchaque
El distrito peruano de Canchaque es uno de los ocho que intengran la provincia de Huancabamba, ubicada en el Departamento de Piura.
Limita al norte con el distrito de Lalaquiz y el distrito de Huancabamba, al este con el distrito de Sondorillo, al sur con el distrito de San Miguel de el Faique y al oeste con la provincia de Ayabaca
El distrito ocupa un área de 306,41 km². Su población en el año 1993 era de 10.183 habitantes. El distrito fue creado por ley el 5 de septiembre de 1904.
La capital del distrito es la ciudad de Canchaque, situada a una altura de 1.198 msnm. La ciudad está situada entre el Cerro Mishahuaca y el Cerro Campanas; en medio de la Quebrada Limón y Carrizal.
El distrito celebra su fiesta patronal el día de San Juan Bautista, el 24 de junio. El aniversario del distrito se festeja el 5 de septiembre.
La población del distrito se dedica mayoritariamente a la agricultura, entre los cultivos principales hay que destacar el café, cacao, el naranjo y el mango.
y es por eso que en este blog quiero dedicarle un espacio a su Café, que es realmente de buena calidad , y esto lo decubrí en uno de mis viajes por conocer este lugar del Perú.
La cata de un producto es el análisis sensorial del alimento. Es un acto tan cotidiano que a veces se convierte en un proceso mecánico y casi inconsciente. Lo pensamos sólo para satisfacer nuestra necesidad biológica; sin embargo, es un acto en el que interactúan los órganos sensoriales y, en el mismo momento, emitimos juicios de valor: es rico, huele bien, está salado, es ácido.
A través de la Cata pretendemos encontrar y valorar todas las características que definen un café. Nos servirá para emitir un juicio de valor objetivo, para comparar varios cafés entre sí, o para contrastar si un café se ajusta a unas características predeterminadas.
Una buena cata debe ser subjetiva y mucho mejor si es ciega. En ella se confrontarán nuestras evaluaciones con las de otros catadores para intentar definir conjuntamente las características del o de los cafés analizados. Ayudará al éxito de la cata, el seguir un orden riguroso en las normas establecidas y disponer del instrumental adecuado, sin improvisaciones que desvirtúen el proceso.
En toda cata se evaluarán las siguientes características:
1. Fragancia: A partir del grano tostado y molido.
2. Aroma: Oliendo la infusión.
3. GustoA través de probar la infusión.
4. Retronasal: Es la estimulación a partir de los vapores producidos en la boca en el momento de sorber.
5. Postgusto: Después de escupir la porción sorbida e ingerida en una pequeña parte.
6. Cuerpo Valorado a través de la densidad y textura de la bebida.
Visiten canchaque y prueben su café .
EDwin Calle Godos.
miércoles, 20 de mayo de 2009
La Solidaridad y la Nobleza
Por: Edwin Calle Godos
Son las tres de la tarde, y en Piura, el sol irradia su soberanía y las sombras se abren paso con una leve brisa caliente sobre las calles de la cuidad, y acompañado de ese sol soberbio, me dirijo hacia el distrito de Castilla; lugar en donde se desarrollará una labor propuesta en un salón de clases, en cuyo único objetivo, brindar un momento de alegría y esperanza.
Soy casi uno de los primeros en llegar a lugar acordado, me acompañan compañeros de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Alas Peruanas, del primer ciclo. Mientras van llegando, me adelanto hacia un supermercado cercano para terminar de compra algunas bebidas.
Ya adentro, me encuentro con la licenciada Sandra Ortiz, tutora y promotora de nuestra visita al Centro de Rehabilitación para Enfermos Mentales, complementando y coordinando con sus tutoriados los últimos detalles de nuestra labor social.
Como el local de nuestro destino estaba bastante cerca, caminamos en fila india hacia el hogar, cada uno llevando su colaboración para nuestro compartir.
Nos da la bienvenida un hombre muy amable que intercepta la comitiva y pregunta quienes somos; - alumnos – contesta mis Sandra, mientras nos sonríe acompañándonos hacia el patio central.
Nos ven llegar, y algunos se les dibujó una sonrisa contemplativa, otros miraban desde lejos y poco a poco fueron acercándose hacia nuestro aforo.
- ¿tú eres comunicador?- me pregunta una dama con mucha curiosidad,
- si - le contesto, - chicos posen chicos, posen para la foto…- gritaba con voz fuerte, yo intento registrarlo todo con mi cámara, pero se me advierte que no es permitido.
Los chicos acomodan sus regalos, las bebidas, y todo lo que compartirían con nuestros amigos, las chicas instalaban una grabadora para incentivar un poco de baile a la visita.
- honda cero- grita con voz enérgica una interna, mientras se va acercando para hacer su pedido musical, -ahí ahí, déjala ahí – contestan en grupo.
De pronto una señora interrumpe la fiesta y comienza a cantar -Maariiia tu eres mi madre, maariia tu eres mi amor- la contemplamos, esperamos que termine, y las enfermeras le piden que baile para que se alegre un poco, y ella acepta.
Luego se me acerca una señora y me pide gaseosa, le entrego un vaso que ya estaba servido, - no tienes gaseosa negra, esta no me gusta- me dice casi al oído, yo sonrío y la complazco en su pedido, toma su vaso y se alejo del lugar, yo la observo e intento llevarle hacia donde se encuentre las demás golosinas.
Había en su caminar una cadencia muy dolosa, sonrrisa casi muerta que dejó alguna ingratitud, el silencio de su esquina, me hizo un nudo en la garganta , y pude divisar alguna vejez mejor, no mata tanto el tiempo , como si lo hace el olvido, y que historia guardará aquella viejecita firme con pisadas lunares, la busco y no estaba , Salí hacia el fondo del pabellón y la encuentro regresando, - quieres mas gaseosa negra - le pregunto , - si - me contesta , y me acerco, y se vuelve a alejar.
Nosotros partimos llevándonos en nuestras memorias, una tarde distinta a cualquier tarde, distinta a cualquier visita, distinta a cualquier gesto de amabilidad, ellos nos enseñaron a saber que tan frágiles pueden ser nuestros cerebros, nuestras emociones, ellos nos regalaron algo que nadie nos dará en la vida y es el hecho de saber que nuestra lucidez, se trastoca con la imaginación y al compartir, su inmensidad nos hace vulnerables, ¿cual es la dimensión de la locura? Será mas cuerdo el que piensa, o el que mira la luna.
jueves, 12 de marzo de 2009
LA SOLEDAD SOY YO ENCOMPAÑIA DE MI PASADO.
LA SOLEDAD (UNA DAMA CAPRICHOSA)
Muchas veces me he preguntado por qué hay personas encantadoras que están solas, y lo peor (o mejor) es que siguen y siguen tratando de encontrar a sus “almas gemelas”, a pesar de quedar casi literalmente destruidos al terminar con una y otra relación a través de los años.
Será talvez su aferrado idealismo o simplemente el hecho de esperar, sin urgencia, que algún día se esté en compañía de alguien.
Mientras tanto la soledad se abre camino en este afán de compañía y es un tema indiscutible para quien lo entiende como algo depurativo, propiamente productivo.
La soledad debería ser productiva ,y no infértil ,para saber que no se estuvo solo, o mejor dicho ,en compañía de alguien , porque, si estamos rodeados de gente , acompañados por muchas personas , estamos siendo sociables , pero estamos descuidando nuestro espacio , y en ese espacio de búsqueda de nuestro ser interior , la soledad se afilia a ser la mas clara y depurante amiga .
La soledad no es estar solo, es estar con uno mismo, lo otro seria insociable, un ser sin compañías, dependiendo del tipo de compañías, de amistad o una pareja con afinidades y admiraciones mutuas.
Los demás conceptos, argumentos y pensamientos se los dejo a Ricardo Arjona en este video que expresa su visión de este tema como mucha finura y realismo, sin dejar de ser poético.
Y recuerda “Si estas solo, alégrate porque estas bien acompañado.”
domingo, 1 de marzo de 2009

Leer es saber ver
Dom, 01/03/2009
Por Luis Jaime Cisneros
El tema de la lectura viene agitando el ambiente. Lo encaran con seriedad las instituciones pedagógicas y la prensa, y no deja de asignarle importancia la autoridad. Sin embargo, un hilo de preocupación me recorre cuando oigo hablar de ‘buenos propósitos’ que parecen muy alejados de todo planteamiento correcto. Se ha incrementado la campaña por la lectura iniciada hace unos años. Estupendo. Que todos los estudiantes deberán leer un número determinado de libros. ¡Cuidado con el tono obligatorio! La lectura es una opción inteligente que el muchacho debe aprender a asumir. No es una obligación que se deba cumplir por imperio de la ley. ¡Cuidado! Todo nos puede salir al contrario de lo proyectado.
Hay que leer para salvarse de la ignorancia. Una cosa es asistir a la clase de matemáticas y otra aprender esa disciplina. Hay que asistir a las clases de Historia y estudiar en los libros de historia. Nadie tiene que ‘estudiar’ una lectura. Los niños deben aprender a descubrir el gusto por la lectura, y de los maestros debemos esperar que aciertan a despertar en los alumnos el sabor de la buena lectura. Cuando me invitan a leer los Paisajes Peruanos de Riva Agüero no me obligan a leer un texto de historia sino me proponen gozar de la prosa de Riva Agüero.
Con imposición no hay lectura provechosa ni aprovechable. Mejor dicho: no hay lectura. Crear ambiente y predisponer al alumno para la lectura no consiste en imponerle textos, sino en despertar en él la inquietud suficiente para ir en busca del libro. La escuela tiene que ayudarlo a elegir. Es imprescindible haber generado en el estudiante la ‘necesidad de leer’. No cabe imponerla, porque nuestro deber no es instruirlo sobre la lectura sino educarlo en el ejercicio de ella. A Carlos puede inquietarlo (y hasta conmoverlo) un libro de cuentos; a Raquel, uno de adivinanzas; a Margarita uno sobre flora y a la mayoría un libro de cantos populares. Lo que fuere. Descubrir que el libro calma la sed particular, sentir que la lectura satisface una inquietud personal, aclara el horizonte y abre camino al porvenir. Esos son los signos positivos.
Este tema de la lectura merece honda reflexión, a la que deben verse convocados no solamente los maestros sino los padres de familia. No se trata de exaltar lo que cada uno debe esperar de la lectura, sino de tener en cuenta lo que la lectura espera de nosotros. Si no nos acercamos a ella con ánimo de comprender, no cabe esperar que la lectura ofrezca beneficio alguno. Si no descubro un lazo que me vincule con el texto, no puedo afirmar que hubo lectura. Si no comprendo, no aprovecho lo leído. Leer supone recoger la esencia de lo que está ahí escrito. No tiene nada que ver con la grafía, sino con el espíritu que animaba al que escribió lo que estamos leyendo. Para alcanzar esta ventaja hay que habituarse a la lectura silenciosa. No es nada fácil. Porque para lograrlo hay que haber aprendido a leer en alta voz, ejercicio indispensable para asegurar la comprensión.
Debemos tener en cuenta esta afirmación: no hay que ‘enseñar’ a leer. No lo conseguiríamos nunca. Hay que aprender a invitar a leer. A leer se aprende leyendo: leyendo con entusiasmo, leyendo con interés, leyendo con pasión, ingredientes todos ellos del provecho. La lectura bien aprovechada influye en el aprendizaje y se convierte en un indispensable instrumento pedagógico. Cuanto más se ha progresado en conocer el funcionamiento cognitivo, se ha hecho más clara la responsabilidad de la lectura.
Lograr que el alumno comprenda es una urgente y difícil tarea del profesor, que debe estar bien entrenado en el oficio. No se trata de que el alumno tenga buena vista y mejores anteojos. Se trata de entrenar el cerebro en la interpretación de los textos para asegurar la comprensión de cuanto va leyendo. Leer es saber ver. Para lograrlo hay que aprender a observar bien el continente y profundizar mentalmente para descifrar el contenido. No leemos letras sino grandes unidades semánticas. Desciframos lo que significan las palabras y lo que significan las relaciones gramaticales creadas por ellas. Si acertamos, hemos comprendido el texto.
Y una última advertencia. Leer no solamente es comprender. Es también juzgar. Y algo más: no hay lectura completa si no hemos aprendido a apreciar el campo estético. Nada de eso se aprende en la escuela. Lo enseñan las lecturas, gracias a este ejercicio constante de comprender y juzgar.
Dom, 01/03/2009
Por Luis Jaime Cisneros
El tema de la lectura viene agitando el ambiente. Lo encaran con seriedad las instituciones pedagógicas y la prensa, y no deja de asignarle importancia la autoridad. Sin embargo, un hilo de preocupación me recorre cuando oigo hablar de ‘buenos propósitos’ que parecen muy alejados de todo planteamiento correcto. Se ha incrementado la campaña por la lectura iniciada hace unos años. Estupendo. Que todos los estudiantes deberán leer un número determinado de libros. ¡Cuidado con el tono obligatorio! La lectura es una opción inteligente que el muchacho debe aprender a asumir. No es una obligación que se deba cumplir por imperio de la ley. ¡Cuidado! Todo nos puede salir al contrario de lo proyectado.
Hay que leer para salvarse de la ignorancia. Una cosa es asistir a la clase de matemáticas y otra aprender esa disciplina. Hay que asistir a las clases de Historia y estudiar en los libros de historia. Nadie tiene que ‘estudiar’ una lectura. Los niños deben aprender a descubrir el gusto por la lectura, y de los maestros debemos esperar que aciertan a despertar en los alumnos el sabor de la buena lectura. Cuando me invitan a leer los Paisajes Peruanos de Riva Agüero no me obligan a leer un texto de historia sino me proponen gozar de la prosa de Riva Agüero.
Con imposición no hay lectura provechosa ni aprovechable. Mejor dicho: no hay lectura. Crear ambiente y predisponer al alumno para la lectura no consiste en imponerle textos, sino en despertar en él la inquietud suficiente para ir en busca del libro. La escuela tiene que ayudarlo a elegir. Es imprescindible haber generado en el estudiante la ‘necesidad de leer’. No cabe imponerla, porque nuestro deber no es instruirlo sobre la lectura sino educarlo en el ejercicio de ella. A Carlos puede inquietarlo (y hasta conmoverlo) un libro de cuentos; a Raquel, uno de adivinanzas; a Margarita uno sobre flora y a la mayoría un libro de cantos populares. Lo que fuere. Descubrir que el libro calma la sed particular, sentir que la lectura satisface una inquietud personal, aclara el horizonte y abre camino al porvenir. Esos son los signos positivos.
Este tema de la lectura merece honda reflexión, a la que deben verse convocados no solamente los maestros sino los padres de familia. No se trata de exaltar lo que cada uno debe esperar de la lectura, sino de tener en cuenta lo que la lectura espera de nosotros. Si no nos acercamos a ella con ánimo de comprender, no cabe esperar que la lectura ofrezca beneficio alguno. Si no descubro un lazo que me vincule con el texto, no puedo afirmar que hubo lectura. Si no comprendo, no aprovecho lo leído. Leer supone recoger la esencia de lo que está ahí escrito. No tiene nada que ver con la grafía, sino con el espíritu que animaba al que escribió lo que estamos leyendo. Para alcanzar esta ventaja hay que habituarse a la lectura silenciosa. No es nada fácil. Porque para lograrlo hay que haber aprendido a leer en alta voz, ejercicio indispensable para asegurar la comprensión.
Debemos tener en cuenta esta afirmación: no hay que ‘enseñar’ a leer. No lo conseguiríamos nunca. Hay que aprender a invitar a leer. A leer se aprende leyendo: leyendo con entusiasmo, leyendo con interés, leyendo con pasión, ingredientes todos ellos del provecho. La lectura bien aprovechada influye en el aprendizaje y se convierte en un indispensable instrumento pedagógico. Cuanto más se ha progresado en conocer el funcionamiento cognitivo, se ha hecho más clara la responsabilidad de la lectura.
Lograr que el alumno comprenda es una urgente y difícil tarea del profesor, que debe estar bien entrenado en el oficio. No se trata de que el alumno tenga buena vista y mejores anteojos. Se trata de entrenar el cerebro en la interpretación de los textos para asegurar la comprensión de cuanto va leyendo. Leer es saber ver. Para lograrlo hay que aprender a observar bien el continente y profundizar mentalmente para descifrar el contenido. No leemos letras sino grandes unidades semánticas. Desciframos lo que significan las palabras y lo que significan las relaciones gramaticales creadas por ellas. Si acertamos, hemos comprendido el texto.
Y una última advertencia. Leer no solamente es comprender. Es también juzgar. Y algo más: no hay lectura completa si no hemos aprendido a apreciar el campo estético. Nada de eso se aprende en la escuela. Lo enseñan las lecturas, gracias a este ejercicio constante de comprender y juzgar.
Articulo publicado en el diario La República.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Dolores se llamaba, ¡que ironía!
Historia de un año nuevo imborrable.
Cuando uno es aún colegial y, sale corriendo del colegio a su casa, lleva, más que conocimientos nuevos, hambre, mucha hambre, pues, yo, estudiaba en uno de los colegios de los Hermanos Maristas. El emblemático Santa Rosa, en Sullana.
Además del hambre justificado y devorante, se sumaba la inclemencia del sol de esta tierra norteña, que para matizar el ambiente, a las dos de la tarde, su acariciante brisa, se volvía sofocante.
Yo almorzaba en casa de mi abuela materna, tenía primero, que hacer una obligante parada ahí, para después dirigirme a casa del tío Juan,-hermano de mi madre y la única persona que reniega a si mismo por no saber decir que¡ no!- lugar en donde fue mi residencia, durante los años de la secundaria.
Esa fue siempre mi ruta durante mi estadía en Sullana.
Dolores -su nombre de pila- mamá Lola o Lolita, para el cariñoso saludo de los nietos, era mi abuela. Una señora de gustos refinados, elegante, tierna sonrisa y de un humor refranero siempre acertado cuando levantaba opinión sobre alguien o algún suceso familiar. Poseedora de una creatividad para las chapas, los calificativos, que más de uno, patentan hoy en día , su bautizable sobrenombre ,victimas del buen humor de mi abuela.
Mama Lolita me esperaba con el almuerzo y la mesa tendida; yo siempre bromeaba con ella, diciéndole: (ya terminaste de jugar a la comidita) - porque usaba unas ollas muy pequeñas y era muy pulcra para cocinar- , ella, sonreía, dándome un gesto de cómo si le gustara lo que le decía, y precedía a servir.
Ya en la mesa, su buen sazón, confirmaban aquella minuciosidad para preparar los alimentos. Pero, hubo un detalle que a mí, no se me olvidaría jamás, y era, que siempre sirvió la sopa, muy caliente, humeante, y yo renegaba porque, no podía devorarme aquel plato de sopa, que humeante, desafiaba mí impaciencia y mi incontrolable hambre.
Aquella escena, se repetiría cada vez, que Mamá Lolita, preparara sopa.
Yo llegue a pensar que era un acto de venganza, de mi abuela, por decirle que jugaba a la comidita, con aquellas diminutas ollitas de acero inoxidable y porcelana.
Lo cierto era que, el calor a esa hora de la tarde, es inconmensurable, y yo, lateaba desde el colegio hasta la casa de la abuela y el hambre de adolescente, alborotaba a mi solitaria tripa.
Ella en cambio, se sentaba en la mesa, y se inmutaba del calor y de la humeante sopa, soplaba muy despacio, dándose sorbo a sorbo su exquisito potaje, cada vez que sostenía su cuchara cerca de su boca, inclinaba una mirada hacia mi, como queriendo saber como me las hacia para devorarme su menú.
Sopla – me decía - y empieza por los bordes del plato, para que puedas avanzar.
Yo, prefería dejar a un lado aquel plato humeante y arrebatar mi hambre, hacia el segundo – no menos exquisito y suculento -, y así esperar que se me enfriara, el primer plato y regresar a el, para dar por saciado mi natural ritual biológico.
Mama Lolita me miraba, desde su matriarca posición y, esta vez me diría algo, que hasta hoy, sigo pensando en lo sabias que son las mujeres, cuando quieren enseñar y eternizar un mensaje.
Que no vas a comerte la sopa, cómetela, sino, mmmm… después te contare un cuento.
Que distraído, que bruto, el no entender, el mensaje de mi abuela en aquel momento, (“después te contare un cuento”) ¿que cuento? –Decía yo – será que después que termine, me sermoneara con algún pasaje bíblico.
Ya, lejos de mi abuela y de mi familia, me albergue en las estresantes y estridentes calles de lima, transitaba en ella y me proponía a buscarme un trabajo, no menos digno y algo remunerado, que me permita disfrutar, mi juventud y mis antojos. Lima es de por si, una ciudad muy fría, casi polar diría yo, y este clima, me enseñaría a utilizar huachafamente, ternos y corbatas, diariamente.
Mientras recorría las opacas calles del centro de lima, con el manoseado cliché de ejecutivo de ventas, de una importante marca automotriz, me fui acostumbrando también, a la cultura de la apariencia , con pasarelas extravagantes, abrigadas y con ajustados presupuestos que son dignos de un pasa hambres , terco, pero optimista , soñador .
Recién en esas circustancias, con la necesidad de un maternal plato de sopa, entendería el subliminal mensaje de Mamá Lolita, cuando no tuve, ni siquiera un miserable sol para poder llevarme algo a la boca.
Estaba solo, yo, y el montón de cemento de aquella gran cuidad, no había familia, y si la había, estaban en otras, no era lo mismo.
Ese día – de no ser por el mensaje de mi abuela – retumbando mis recuerdos y robándome una extraña sonrisa, de no ser por ese “después te contare un cuento”, hubiera soltado el llanto cobardemente.
No recuerdo si finalmente llegue a engañar la tripa, como se dice, pero si extrañe, aquel plato humeante de sopa y, comprendí así, cual era el cuento que me quiso contar, sin ser escuchado.
No fue otro, que el cuento de las carencias, de las ausencias, de lo importante que son esos detalles, minúsculos, insospechados, pero ferozmente, coagulantes en el corazón.
Mama Lola, después de una dolorosa e injusta enfermedad, nos dejo. Vísperas de un año entrante, un 31 de diciembre; ese día recibí la llamada de un familiar –estábamos resignados – comunicándome su deceso.
Ese día, el ultimo día del año, cuando la gente esta alegre y hace planes para festejar, en familia o con amigos, cuando están pensando en la playa, el calzoncito rojo o amarillo, quien prestara la casa para el festín, la cuota para la comida, y están viajando previa compra de sus pasajes, yo estaba desorbitado, preocupado por la salud de mi madre y por la crisis emocional de mis tías.
Estaba preparado si, pero no con los pasajes, pues no me lo esperaba que sea así.
Busque, sin éxito, en algunas agencias, pasaje terrestre, pero yo quería estar con mi madre, con mi familia, quería a como de lugar, llegar a Sullana.
Llame a Juan Carlos,- un amigo de la niñez, que trabajaba gerenciando una agencia de viajes en larcomar -y le explique mi apuro y si me podía ayudar y, el, muy conmovido por la situación, comprometió su palabra en buscarme un vuelo, en cualquier horario con destino al norte.
Milagro de mi abuela, no se, ¿a quien bajarían del avión para meterme a mi? , no se, lo real fue que mientras, esperaba mi vuelo, en la sala de embarque, la gente, vibraba con la alegría de las fiestas.
Ya en el avión, algunos entusiastas turistas, quisieron hacerme recordar, que era año nuevo, y empezaron, hacer una improvisada comparsa, sacando tambores, tumbas y guitarra, mientras mis pupilas, miraban fijamente el colchón de nubes blancas que se divisaba desde mi ventana.
En la casa y, tras el penoso abrazo con mi madre, espere que llegara el ataúd, con el cuerpo de mi entrañable Dolores.
Luego al día siguiente, después de la misa y rumbo al cementerio, mientras caminábamos, por una calle principal, los restos de una resaca en las casas, con las puertas abiertas, en muchas de ellas, con volúmenes estridentes ,dabanme a saber de aquella fiesta de fin de año, que no tuvimos.
Los detalles de su agónico deceso y las anécdotas de sus últimos días, se empezaron a saber, en las amenas conversaciones que nos regalaban mis tías.
Hoy, es el último día del año y su fallecimiento, nos da esa convocatoria, para volver encontrarnos, en su misa.
Tal vez después de la misa, las celebraciones de fin de año se empezaran a escuchar, algunos enrumbaran hacia sus fiestas, pero aquellos que acuden a su misa, en el fondo, estarán cumpliendo talvez su ultimó deseo, el deseo de juntarlos a todos su hijos, para recordarla y comenzar un nuevo año.
Lo que no podré evitar, es que, talvez mañana, cuando toda esta alegría del nuevo año pase, y la resaca nos baje la emoción, yo; tenga que buscar un reparador caldo de gallina o algún sopón levanta muertos,pero antes de levantar mi cuchara hacia mi boca, me vendrá el recuerdo de aquel mensaje de mi abuela dolores diciéndome – mmm… mañana te contare un cuento.
Pero esta vez el cuento ya estará aprendido.
Edwin Kaye Godos
jueves, 4 de diciembre de 2008
PLACER
PLACER AJENO
PLACER PATENTADO EN MIS MANOS
DULCE,AMARGO,DESPERTAR.
DESTIERRO FIEL.
EN LA CARICIA IMPÚDICA
Y TRAJINADA
HABITA LA INTENCIÓN
CARIÑOSA DE UNA CARICIA
UN HOTEL DE PASO
QUE PASO POR ENTRE SUS PIERNAS
NADIE TE ACUSA PLACER
EL MÁS DULCE DE LA VIDA
EL MÁS OCULTO
EL MÁS INTIMO CONFESO.
MI AMIGO .
EN LA NOSTALGIA DE UN RECUERDO
CALIFICACIÓN ALGUNA NO EXISTE .
LADRONA ES LA MANO
CUANDO AMENAZA LO AJENO
Y ESE SABOR
COPULA EN EL PALADAR DEL PLACER
Y LO BENDICE
DUERME CON LA IDEA
Y PENETRA SU AROMA
EN LA PIEL
CON BESOS QUE NO VIVIRÁN
ETERNAMENTE.
A TI PLACER AJENO
MI BESO,DE RODILLAS
BENDICE TU PIEL
Y SEPULTANDO SU RECUERDO
AVERGONZADO.
CONFIESA:
YO......
A TI MI VIDA
Y MI EXTENSA MUERTE
A TI MI PAZ
Y MI DELIRIO.
A TI MI OLVIDO
Y MI RECUERDO
A MI TU CULPA.
PLACER PATENTADO EN MIS MANOS
DULCE,AMARGO,DESPERTAR.
DESTIERRO FIEL.
EN LA CARICIA IMPÚDICA
Y TRAJINADA
HABITA LA INTENCIÓN
CARIÑOSA DE UNA CARICIA
UN HOTEL DE PASO
QUE PASO POR ENTRE SUS PIERNAS
NADIE TE ACUSA PLACER
EL MÁS DULCE DE LA VIDA
EL MÁS OCULTO
EL MÁS INTIMO CONFESO.
MI AMIGO .
EN LA NOSTALGIA DE UN RECUERDO
CALIFICACIÓN ALGUNA NO EXISTE .
LADRONA ES LA MANO
CUANDO AMENAZA LO AJENO
Y ESE SABOR
COPULA EN EL PALADAR DEL PLACER
Y LO BENDICE
DUERME CON LA IDEA
Y PENETRA SU AROMA
EN LA PIEL
CON BESOS QUE NO VIVIRÁN
ETERNAMENTE.
A TI PLACER AJENO
MI BESO,DE RODILLAS
BENDICE TU PIEL
Y SEPULTANDO SU RECUERDO
AVERGONZADO.
CONFIESA:
YO......
A TI MI VIDA
Y MI EXTENSA MUERTE
A TI MI PAZ
Y MI DELIRIO.
A TI MI OLVIDO
Y MI RECUERDO
A MI TU CULPA.
Edwin Kaye
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